Financiación colectiva

Publicado el vie 19 noviembre 2010 in Internet para artistas

Imagen de una
multitud
Leo en Barrapunto sobre la próxima aparición de tres plataformas de microfinanciación en España.

Precisamente el mes pasado comentaba con Toni Rumbau en Santiago de Compostela la idea de Kickstarter.

Se trata de una web para recaudar financiación a través de donaciones de personas que quieran ver realizado un proyecto o participar de algún modo en él.

Durante un tiempo determinado, el proyecto está abierto a donaciones con el objetivo de alcanzar la financiación necesaria (pongamos por caso 1.000 USD). Si transcurrido el plazo no se ha alcanzado la cifra, a los donantes no se les cobra y por lo tanto el proyecto no obtiene financiación. Se entiende que el proyecto, al menos en ese intento, no ha logrado despertar el suficiente interés para llegar a realizarse.

Es muy interesante ver la cantidad de proyectos que consiguen e incluso superan la financiación requerida dentro del plazo, gracias a la participación y el interés de decenas o cientos de personas. Libros, música, películas, danza, búsqueda y restauración de documentos, fotografía, prototipos... la lista es impresionante y muy variada, con una importante presencia de proyectos artísticos.

Hay numerosos proyectos que apenas necesitan 1.000 USD de financiación y algunos que superan los 100.000. Evidentemente, para tener éxito en la financiación los proyectos deben convencer y ser creíbles, tanto en sus objetivos como en su presentación, además de por las personas que están detrás de ellos.

Uno de los incentivos para los donantes es que en función de la cantidad que aportan reciben algo a cambio, como por ejemplo aparecer en los créditos, un ejemplar firmado si se trata de un libro, descuentos en los casos de productos, etc.

La pega, para los que no vivimos en los Estados Unidos es que los proyectos presentados a través de Kickstarter deben estar radicados en ese país. De ahí el interés en que aparezcan iniciativas similares en Europa. Sin embargo, en lo que al mundo hispano se refiere soy más bien pesimista sobre este tipo de financiación.

¿Por qué creo que no va a funcionar?

Aunque en este caso me encantaría equivocarme, me parece que hay cuestiones culturales y estructurales que hacen poco viable este modo de financiación en España y América Latina, al menos de momento.

Es indudable (y envidiable) que el sistema está funcionando muy bien en los Estados Unidos, pero hay que tener en cuenta que estamos hablando del país en el que un Presidente ha conseguido financiar su campaña electoral directamente de las aportaciones de los ciudadanos, y dónde la propina a los camareros es obligatoria como una forma de complementar el sueldo del trabajador por parte del cliente. La donación es allí un concepto arraigado y sin connotaciones negativas, una forma de apoyar y recompensar el esfuerzo y la iniciativa.

Por el contrario, en España, eso de darle dinero a alguien más allá de una relación comercial está muy asociado a la limosna, a "pedir", a la mendicidad, por no hablar de la desconfianza hacia los timos y la arraigada tradición picaresca.

Por otra parte, en Kickstarter utilizan el sistema de pagos de Amazon, que permite tomar nota de tu tarjeta de crédito y de la cantidad que quieres aportar a un proyecto sin cobrarte, salvo que se alcance la cantidad requerida antes de que acabe el plazo.
No sé cómo van a resolver la mecánica de pagos las nuevas plataformas que están por arrancar, pero si se van a basar sólo en el compromiso de que dentro de un mes o dos voy a poner lo que dije, me temo que el porcentaje de retiradas podría ser excesivo. Ya sabemos cómo se la gasta bastante gente por aquí, que decir que sí o dar la palabra es gratis.

En cuanto a América Latina y en concreto a la posibilidad de que personas en estos países puedan participar en proyectos surgidos en España, las pequeñas transferencias de dinero de un lado a otro del Atlántico son sencillamente inviables en la gran mayoría de los casos, salvando quizás el giro postal, y aún así hay que tener muy en cuenta las enormes diferencias económicas entre Europa y América Latina, mayores o menores según el país y el sector demográfico, pero siempre presentes.

Como decía, ojalá me equivoque y tenga que comerme mis palabras. La fórmula me parece fantástica, democrática, transparente y un excelente modo de poner en marcha proyectos innovadores escapando de la tiranía de los bancos y las subvenciones, pero miro a mi alrededor y me cuesta creer que este tipo de financiación vaya a funcionar por estas tierras.

Por mi parte, una vez que estos servicios empiecen a funcionar tengo intención de probarlos (a pesar de mi falta de fe inicial) para intentar lanzar un proyecto que se ajusta perfectamente a este tipo de financiación colectiva.

Me encanta el concepto de crowd funding llevado a la práctica con responsabilidad y transparencia, pero la experiencia me dice que la propia definición del concepto choca frontalmente con nuestra cultura (llámese hispana, latina o mediterránea):
“Crowd funding describes the collective cooperation, attention and trust by people who network and pool their money and other resources together, usually via the Internet, to support efforts initiated by other people or organizations.”

En traducción bastante libre:
Crowd funding (financiación de la multitud) describe la cooperación colectiva, atención y confianza por parte de gente que se relaciona y pone su dinero y otros recursos juntos, por lo general vía Internet, para apoyar esfuerzos iniciados por otras personas u organizaciones.

Vamos, que lo leo y me parece que describe algo de otro planeta.

Fotografía de James Cridland
Licencia: CC Reconocimiento.
Imagen original.